Angie
Angie tiene 25 años y vive en Santiago de Chile junto a su madre y sus tres hermanos menores. Nació en Bolivia y se mudó a Chile a los siete años, cuando sus padres migraron en busca de mejores oportunidades.
Durante toda su etapa escolar se esforzó mucho y consiguió una beca para estudiar Odontología en una universidad privada. Pero al egresar, la realidad del mercado laboral fue un golpe duro. El trabajo como dentista no le ofrecía estabilidad económica y su familia dependía del sueldo de su madre, que trabajaba como reponedora en un supermercado.
“No estaba viviendo, apenas sobrevivía. No podía contar con un ingreso estable y, aunque mi mamá siempre ha sido un apoyo y nunca me ha pedido nada, yo soñaba con ser independiente. Sentía que estaba perdiendo el tiempo”.
Sin ingresos, un día vio en Facebook un anuncio de Generation Chile y pensó: “Esto es. Un cambio total que puede llevarme a un mejor futuro”. Aunque no sabía nada de programación y le daba miedo dejar atrás la odontología, sí sabía estudiar y esforzarse, y eso fue lo que hizo.
En febrero se sumó al programa Junior JavaScript Developer de Generation Chile, de tres meses de duración y patrocinado por Fundación MetLife. Junto a ella, otras 31 personas se graduaron y comenzaron una carrera en el sector tecnológico como desarrolladores Java junior.
“Me dediqué por completo, siempre intentando dar un paso más. No solo aprendí JavaScript; también dominé las bases de la programación, lo que me permitió usar otros lenguajes. A veces fue extremadamente difícil y frustrante, pero ¡valió totalmente la pena!”
Nuevos comienzos
Después de terminar el programa, Angie envió más de cien currículums y asistió a incontables entrevistas antes de conseguir su actual trabajo como desarrolladora Back-End en una startup.
“Tuve que pasar por seis entrevistas para obtener este puesto, pero me alegra tanto haberlo hecho. Mi equipo es increíblemente cercano; trabajo y aprendo muchísimo, y la startup tiene una estructura horizontal con fundadores muy accesibles. Estoy muy feliz con mi trabajo y no veo la hora de seguir creciendo profesionalmente”.
Pensando en el futuro, Angie ahorra cada mes con la esperanza de algún día poder comprar su propia vivienda: “Por fin veo que mi mamá está más tranquila respecto a mi futuro”.
Más allá de la estabilidad económica, su nueva carrera le permitió reconectar con la alegría: “Me encanta hacer trekking y salir a correr, y ahora puedo ir comprando de a poco accesorios que hacen mis hobbies más seguros y entretenidos, mientras también ahorro para el futuro. Ya no estoy solo sobreviviendo, estoy viviendo”.